Siguen produciéndose, cada cierto tiempo, pequeños desprendimientos en la fachada del Coliseo, los últimos episodios durante las pasadas Navidades, y la Soprintendencia Archeologica di Roma ha decidido tomar medidas. Dentro de pocas semanas se limitará la entrada de turistas al monumento, que sólo podrá acoger a 6.000 personas simultáneamente.
Para ello, se instalarán en entradas y salidas unos molinetes cuenta personas. Cuando la cantidad supere esa cifra, los molinetes impedirán la entrada a nuevos turistas hasta que no hayan salido algunos de los que están dentro. El sistema estará en funcionamiento para esta Semana Santa.
Esto hará que aumenten, en temporada alta, las terribles colas que ya ahora se formaban para entrar al monumento. Hasta ahora las colas se producían para pasar por taquilla y comprar la entrada, y ahora se formarán también por este nuevo motivo.
Si uno visita Roma en los días de máxima afluencia, lo más práctico para evitar estos inconvenientes será proveerse del billete con anterioridad (comprándolo en el Palatino o en el Foro Romano el día anterior, por ejemplo), y procurar llegar al monumento a primera hora, a partir de las 8.30 de la mañana que es cuando abren.
Hagamos algunos números para ver cómo podría afectar esto: el Coliseo (uno de los monumentos más visitados del mundo) atrae a 5 millones de personas al año, 13.700 diarias. Los días de más afluencia, en el mes de julio, superan las 24.000 personas, que repartidas entre las 10 horas que permanece abierto salen a 2.400 personas a la hora. Por tanto, pensamos que los parones de afluencia de visitantes afectarán sólo a las horas punta de los días punta.
¡Si Stendhal levantara la cabeza! Justamente estos días estaba leyendo sus magníficos Paseos por Roma. El decía que le gustaba visitar el Coliseo en completa soledad: “En el Coliseo hay que estar solo. A menudo os molestarán los piadosos murmullos de los devotos que hacen las estaciones del Calvario, o un capuchino que viene a predicar aquí los viernes. Todos los días, además, veis aquí albañiles ayudados por presidiarios, pues siempre hay que reparar algún punto de las ruinas que se derrumba” También le interrumpían los pequeños grupos de turistas que de vez en cuando entraban en las ruinas. “Si yo tuviera el poder, concluye, sería un tirano: mandaría cerrar el Coliseo mientras yo estuviera en Roma”.











